martes, 31 de agosto de 2010

El Norte

¡Hola!

Este relato no es mío, sino que fue escrito por Pilar Vázquez Nóvoa.

A ver qué os parece ;)

Aunque pertenezco al inmenso Norte, jamás lo he sentido latir en mis venas. Mi piel es de ese extraño mundo, pero mi corazón vive en el desierto. Lo siento papá. El sol me muerde, me hiere, y yo, amante obstinada lo busco una y otra vez. Mariposa revoloteando alrededor de una luz brillante. Ícaro con alas de decera.

El avión despega. En un par de horas estaré en tu territorio, bajo tus estrellas, en medio de la lluvia azul de tus ojos, envuelto por la niebla eterna que nace una y otra vez de tulipanes de color, a un milímetro del perfume de tu piel, inundada por el susurro de tu risa. Sólo en un par de horas...

Este viaje será diferente, el último de muchos, tardaré en volver, mi vida camina ya por otros senderos. Sin embargo, mi querido papá, tu amado Norte siempre me reserva alguna sorpresa... Cuando le vi, de nuevo, después de 5 años, no pude dejar de preguntarme si habías sido tú quien le había traído a mí.

Le conocí por culpa de un Fado, recuerdo cuando lo escuché por primera vez, cuando lo compartimos... Sólo hablaba del mar. Del mar que veía cuando miraba sus ojos. Ojos de mar de Fado. Aunque al igual que yo no sentía el Norte en su corazón.

Nos unió esa mirada. Él dejó atrás su mundo de playas doradas, de desiertos carmesí y se asomó a mi espalda de nácar y sal. Hacia tanto tiempo que no veía aquella sonrisa perfecta de abdominales de catálogo, aquel caminar de pasarela, aquellas manos de espuma de mar... había olvidado el efecto del viento al acariciar el trigo en verano, el suave aleteo de sus susurros en mis labios... ya lo había olvidado...

A pesar de sus canas y su traje oscuro allí seguía viviendo en sus ojos pero ya no era un Fado. Había desaparecido el rumoroso sonido de las olas,... sólo se percibía el lejano eco del rompeolas,... se había convertido en un nocturno de Chopin, más elegante, más austero, más del Norte... Por fin, le había atrapado, y mi melena al viento lloraba en el espolón,... enredada en el faro de occidente. Sí, papá, como tú... sólo que tú me tienes a mí para raptarte de tu estrella y llevarte al desierto a soñar bajo su luna antigua. ¿Y él? ¿A quién tiene él? "Está solo, mi princesa". Me dices con tu voz de terciopelo.

Sonreía templando el aire frío de la tarde y poco a poco los tulipanes se replegaban sobre sí mismos como gárgolas de catedral convirtiendo su sonrisa en estrella fugaz. "Vayamos a otro lugar. Tomaremos un café. Sé que tienes frío". Me dijo, mientras sus manos de espuma de mar prendían mi piel del Norte. En mis suspiros sonaba una melodía de Fado, casi en sotovoce abriendo cajas de pandora, cientos, miles, millones... sin que nadie las viera, sin que nadie las sintiera... mi melena seguía llorando en el espolón, se había convertido en nudo alrededor del faro del fin del mundo. El trigo se mecía suavemente en su piel, añorando el desierto.

Nos desnudamos de las ausencias de nuestras soledades, perdiéndonos de nuevo en nuestra esquina de mar, soñando con el lugar donde nace la brisa. El Fado le ruega a Pandora que cierre su caja, pero el rumor de la lluvia del Norte silencia su voz.

Si queréis contactar con Pilar, enviad un mail a: vaznovpi@jcyl.es

¡Un beso! ^3^

2 comentarios:

  1. *__* Muy bonito, tiene una gran manera de iniciar y finalizar el relato :D
    Besos ;))

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  2. ¡Me ha encantado! sigue publicándolos por favor :)

    ResponderEliminar

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